La Demoscene, parte I

9 05 2007

Estos días estoy volviendo a recordar una época gracias a la cual pasamos muy buenos momentos. Me refiero a la época de la Demoscene, en la que hackers, músicos y grafistas se coordinaban para crear una especie de videoclips en los que intentaban demostrar sus habilidades para ver quién molaba más. Estoy hablando de una época (principio de los 90) en la que el Doom no había aparecido. Las capacidades gráficas y sonoras de los PC eran una basura. Hasta que la Demoscene irrumpió por derecho propio: Ellos fueron artífices de pequeñas obras de arte que empujaron la industria del videojuego como nadie lo había hecho antes.

Una de las vertientes de la Demoscena que más me gustaba era la parte de la música. Los equipos de desarrollo creaban sus propios programas para componer las bandas sonoras de sus demos, programas que eran conocidos como trackers. Las limitaciones técnicas eran muchas, y así, el hardware determinaba las posibilidades del software. El Amiga 500, que tenía 4 canales de sonido, fue la plataforma donde apareció el primer tracker de gran difusión: Protracker. Las canciones eran de 4 canales, los patrones de 64 notas y en fin, se trataba de ver, con estas limitaciones, qué se podía hacer que sonara bien.
La evolución de estos programas fue lenta, pero lo cierto es que usarlos tenía encanto. Tanto que, como he dicho antes, estos días estoy feliz de haber encontrado 2 trackers para mi plataforma habitual (Mac OS X). Se trata de Milkytracker y Renoise.
Renoise en realidad es una bestia parda: Admite Midi, VST, efectos sobre canales, mezclas, etc. y además puede generar pistas de audio separadas para cada canal, por si luego queremos trabajar con ellas. Es de pago, pero sólo cuesta $50, un precio más que razonable.







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